El descubrimiento del café
No se conoce exactamente el momento en el que la primera persona descubrió los efectos de la planta del café y preparó una bebida a partir de las bayas, pero se cuentan dos historias sobre sus orígenes. La primera procede de un médico árabe llamado Rhazes, quien lo menciona como una medicina alrededor del año 900 d. de C. La segunda historia tiene como protagonista a un cabrero etíope llamado Kaldi (alrededor del 300 d. de C.). Se cuentan diferentes versiones de ambas historias, pero el argumento de la misma es básicamente igual en todos los casos.
La leyenda de Kaldi
La leyenda cuenta la historia de Kaldi el cabrero, que vivió en la Etiopía del 300 d. de C. Kaldi se percató de que cuando las cabras comían unas bayas rojas de un determinado árbol, se mostraban vivas y enérgicas hasta bien entrada la noche. Tras probar él mismo las bayas, experimentó idénticos efectos, que refirió a unos monjes de un monasterio cercano. Desde entonces, los monjes empezaron a ingerir las bayas para permanecer despiertos durante las oraciones nocturnas en común. Por casualidad, además, descubrieron que los granos se podían tostar, y que la bebida elaborada a partir de los granos tostados no sólo producía el mismo efecto, sino que incluso sabía mucho mejor.
Los granos de café y la bebida hecha con ellos se consideraron desde entonces como un excepcional estimulante.
El café se extiende por todo el mundo
El primer cultivo sistemático de café empezó en los jardines en forma de terraza del Yemen, y con la ayuda de la peregrinación islámica a la Meca y Medina, el uso del café se extendió al Oriente Próximo. Más tarde el cultivo llegó hasta Arabia y Egipto, donde la costumbre de tomar café (o "Kahweh") pronto se convirtió en hábito diario.
El café comenzó a conocerse en Europa a partir de principios del siglo XVII, y su popularidad creció con gran rapidez. Los establecimientos de café se multiplicaron por doquier, sobre todo en Italia, Gran Bretaña, Holanda, Francia y Alemania. A comienzos del siglo XVIII, los holandeses extendieron el cultivo del café hasta Indonesia; los franceses llevaron algunas plantas a Martinica, mientras que los españoles, por su parte, comenzaron a introducir plantaciones en el Caribe, América Central y Brasil.
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